octubre 4, 2026

700 días sin ley

El 4 de noviembre de 2024 empezó a correr un reloj que casi dos años después sigue su marcha errática y contradictoria.

Por Néstor Ferraro

Hagamos memoria (decía Chiche Gelblung). El 4 de noviembre de 2024 se realizó una convocatoria para la conformación de la Mesa de Cannabis y Cáñamo de Misiones. Cultivadores, pacientes, médicos, cooperativas, emprendedores y funcionarios reunidos con un objetivo concreto: que Misiones tuviera su propia ley de cannabis. Pocas semanas después, antes de que terminara el año, ya había un proyecto de ley redactado y presentado públicamente en el IMiBio.

Ese proyecto existe. Está escrito. Tiene registro provincial, tiene agencia regulatoria, tiene banco de semillas. Le pusieron nombre y sigla: RECMI, AMCICANN. Se trabajó con la comunidad cannábica, con los colegios profesionales, con la academia.

Hasta acá solo eso. Un proyecto.

Pasaron cosas…

No es que no haya habido movimiento. Al contrario. Desde aquel noviembre, la novela del cannabis en Misiones sumó varios capítulos: hubo un Pacto del Río Paraná, un convenio firmado con Mendoza —ratificado por decreto en septiembre de 2026—, se lanzó el CECAMI junto a la Fundación Pango, Biofábrica montó uno de los cultivos más avanzados de la región, se sumaron asesores, se hicieron proyecciones, se firmaron papeles.

Hubo centros de estudio. Hubo ministros viajando a otras provincias. Hubo fotos, convenios, anuncios.

Hubo de todo. Menos una ley.

El corpus de acciones emanadas desde el ejecutivo provincial no tuvo su correlato en el ámbito legislativo. La ley no la firma un ministro, ni puede ser ratificada por decreto. La ley la sanciona la Legislatura, el ámbito donde se debería materializar el cambio de rumbo que proponen los nuevos aires políticos de Misiones. Mejor que decir es hacer.

¿Qué es «lo que se viene»?

Hay una pregunta que el gobierno provincial todavía no se respondió a sí mismo. Y bueno es hacerla en voz alta.

Dentro del mismo gobierno hay posiciones contrapuestas, casi antagónicas, sobre la misma planta. Existe una mirada productiva y de acciones concretas como las generadas desde el Ministerio del Agro, que promueven una alternativa plausible para los castigados productores yerbateros y un genuino ingreso de dólares a la provincia gracias a la exportación. El cáñamo como fibra, como alimento, como biomaterial. Una mirada agrícola, científica y de salud, que entiende al cannabis como oportunidad y al paciente como sujeto de derecho.

Esta postura antagoniza con la mirada de la Secretaría de Prevención de Adicciones, con posturas éticas/morales que consideran todo tipo de consumo como un problema a prevenir. No se trata de demonizar la prevención: una política seria de consumos problemáticos es necesaria y bienvenida. El problema es otro. El problema es que cuando una provincia mira al cannabis con un ojo que ve industria y con otro que ve amenaza, el resultado es una parálisis legislativa que lleva casi 700 días esperando una definición. Y en el medio pacientes, productores, cultivadores, profesionales, científicos, exportadores continúan aguardando.

Entonces, la pregunta de fondo, la que ordena todo lo demás, es: cuando el oficialismo dice «lo que se viene», ¿qué es exactamente lo que viene para el cannabis en Misiones? ¿El sendero de la mirada agrícola, productiva y sanitaria que abre puertas? ¿O la vieja matriz de la estigmatización, la sospecha y la persecución a quien cultiva su propia medicina?

No pueden ser las dos cosas. Y una ley es, antes que nada, la herramienta que obligaría a la provincia a elegir. Pero sería también la primera prueba concreta de que ‘lo que se viene’ viene en serio — que el cambio que promete la nueva política misionera es capaz de materializarse en una norma, y no quedarse en lo discursivo. 

Del otro lado de la demora

Mientras el proyecto junta polvo en un cajón, el reloj no se detiene para nadie. Pasaron casi dos años, pero la respuesta sigue sin aparecer.

Y no es un capricho de un puñado de militantes. Del otro lado de esa demora hay pacientes que siguen dependiendo de un REPROCANN nacional colapsado, que endureció requisitos y dejó a miles en la incertidumbre. Hay cultivadores solidarios expuestos a causas penales por hacer lo que en otras cinco provincias ya es legal. Hay productores golpeados por la crisis yerbatera que miran el cáñamo como una tabla de salvación y emprendedores con intenciones de invertir que no pueden hacerlo sin reglas claras.

Mientras Misiones, una provincia que se jacta de ser «pionera», sólo da pasos ambivalentes respecto al cannabis, otras provincias ya se posicionan en un mercado que exporta cultivos con certificación internacional.

Vientos de cambio 

Podría cerrar esta nota con resignación. Pero en Pango no nos gusta el pesimismo, y menos cuando el río suena.

Porque algo se está moviendo en Misiones. La Legislatura que durante los últimos veinte años funcionó como un mecanismo aceitado y silencioso hoy discute, se cruza, se reacomoda. Y lo más importante, vuelve a debatir.

Si en la Legislatura misionera ya se animan a discutir quién puede caminar por cuál pasillo —algo impensado hasta ayer nomás—, entonces desde Pango no perdemos la esperanza de que ese mismo músculo legislativo, recién estrenado en el arte de cuestionar, se decida también a tratar la ley que muchos esperamos.

Los cambios, cuando empiezan, empiezan por algún lado. Ojalá el próximo sea este.

Un pedido sencillo

Ya existe un proyecto de Ley. Solo queremos que se discuta, mejore, incluso que se cuestione si es necesario. Es fundamental tratarlo.

El silencio, a esta altura, ya no es prudencia: son casi 700 días de una respuesta que no llega.

  • La información compartida en Pango es con fines informativos y de divulgación.

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