Del «oro verde» al Excel: Misio-Pharma y el aterrizaje forzoso del modelo «Estado empresario» frente al realismo económico de 2026.
En 2019 se anunció con bombos y platillos que el Estado misionero sería el dueño absoluto del «oro verde» regional. Se creó Misio-Pharma SE con la mística de las grandes corporaciones, pero con la agilidad de un portaaviones navegando por el arroyo Mártires. Siete años después, el optimismo chocó de frente con la planilla de Excel y el Decreto N.º 539 del gobernador Passalacqua no es solo un papel administrativo; es el acta de defunción de un modelo de «Estado empresario» que, simplemente, no aguantó el ritmo de la realidad. En Pango no vemos esto como un fracaso, sino como un aterrizaje necesario para dejar de lado la épica y empezar a hablar de una industria real, eficiente y, sobre todo, sostenible.
La disolución se justificó en la «crisis financiera nacional», pero digamos la posta: no es solo que falte plata, es que el modelo de Sociedad del Estado para el cannabis nació viejo. En un país con recesión profunda y cadenas de pago rotas, sostener una estructura autónoma, con gastos fijos de empresa privada pero con tiempos de respuesta de oficina pública, era una misión inviable. El Estado comprendió que no puede ser el capitán de cada barco si el mercado mundial ya maduró y se transformó en un commodity. El decreto lo admite con una honestidad brutal: hoy es más ágil y económico apoyarse en la eficiencia del sector privado o la importación que intentar producir bajo una estructura estatal pesada que nunca pudo saltar la barrera de lo experimental.
Este movimiento no es un incendio total sino, quizás, un traslado de muebles. Al integrar el capital humano y los recursos técnicos bajo el techo de la Biofábrica, el Gobierno intenta salvar la ropa: el personal científico y la maquinaria. Es una maniobra para que el capital intelectual no se pierda y se concentre en un lugar que sí ha demostrado robustez técnica. La Biofábrica es el lugar lógico para que el cannabis misionero deje de ser tan solo un proyecto político y pase a ser lo que siempre debió ser: biotecnología aplicada. A esto se le suma el «empujón» del DNU 70/2023, que le quitó el piso legal a las Sociedades del Estado. Sin ese ecosistema propio, Misio-Pharma se quedó pedaleando en el aire, y liquidar ahora resultó más barato que intentar una reconversión legal que no iba a ningún lado.
Este cierre de etapa nos obliga a levantar la mirada y buscar un punto de encuentro. Si el Estado se corre del centro de la escena productiva, es el momento ideal para definir una posición clara que integre al sector público con la fuerza del colono misionero y la resiliencia de los actores privados. No podemos permitir que la biotecnología se quede encerrada en laboratorios mientras el potencial de nuestras chacras sigue esperando una oportunidad. Necesitamos que la infraestructura de la Biofábrica se convierta en un puente técnico que empodere al productor real, integrando a los clubes de cultivo y a los emprendedores que ya demostraron saber cómo mover la tierra incluso en los contextos más adversos.
Es momento de dejar de operar en compartimentos estancos. La liquidación de Misio-Pharma no tiene por qué ser un fracaso si sabemos convertirla en una transición hacia una sinergia real. El Estado ya cumplió una etapa; ahora le toca asumir un rol de facilitador y garante de un estándar de calidad que incluya a todos. Por eso, desde Pango lanzamos la propuesta: ¿No es este el momento adecuado para legislar de forma inteligente, acertada y con visión futura? Misiones tiene la oportunidad de construir un puente sólido entre el conocimiento científico de la Biofábrica, el empuje de las chacras y la agilidad del sector privado. Solo con una ley que brinde seguridad jurídica y que integre a todos los actores, el cannabis dejará de ser un deseo de escritorio para transformarse en el motor económico que nuestra provincia merece.

