agosto 31, 2026

Semilla sin suelo: Misiones y la ley que todavía no germina

¿Los tiempos de cambio en la política misionera abren por fin la ventana a la ley que todos esperamos?

Por Néstor Ferraro

Hay una canción de La Nueva Luna que dice «¿Lo hacemos bien o qué?». Si te suena, si la conocés, es porque tenés la edad suficiente para saber que en política todo puede cambiar, aunque lleve años. Y que a la vez —y esto es lo importante— la política sigue siendo la única herramienta capaz de producir cambios reales, estructurales y duraderos en una sociedad.

Misiones está parada frente a una de esas oportunidades históricas que si se dejan pasar, difícilmente se repitan. 

 

El tablero se movió. Mucho.

En menos de tres meses, la política misionera hizo lo que no había hecho en veinte años: romperse, mutar, reacomodarse. Hugo Passalacqua presentó su renuncia formal al recién nacido Encuentro Misionero (al que nadie lo había invitado) y lanzó su flamante “Movimiento por lo que Viene”, con el respaldo de una mayoría abrumadora de intendentes y diputados de la coalición gobernante. El ingeniero, conductor solapado y sagaz de Misiones durante dos décadas, vió cómo su estructura se disolvía al sol del mediodía político.

Pero en este espacio no nos interesa el morbo de la interna, sino lo que esa interna habilita.

Después de romper con su histórico tutor, el gobernador debe construir una agenda propia de cara a 2027. Necesita proyectos concretos, con impacto territorial y eticidad política, que le digan algo concreto a la sociedad en su conjunto y en particular a los colonos que hoy venden el kilo de yerba a 260 pesos cuando producirlo cuesta 435. 

Una ley provincial de cannabis y cáñamo cumple con todos los requisitos de esta necesidad.

En este contexto, el Ministro Facundo López Sartori no llegó a este tema por casualidad. Fue él quien el 13 de marzo de este año, en el marco del MendoCann, firmó junto al ministro Natalio Mema el Convenio de Cooperación Técnica y Científica para el Desarrollo del Cáñamo Industrial entre ambas provincias. (N. de R.: Pango accedió en forma exclusiva al texto completo de ese documento. Somos el único medio de la provincia que lo tiene. En próximas publicaciones ahondaremos en su análisis exhaustivo.) Fue él también quien impulsó el ‘Pacto del Río Paraná’, respaldó la creación del CECAMI junto a la Fundación Pango, y quien salió primero —entre todos los ministros del gabinete— a pedir la continuidad de Passalacqua en 2027. Hoy tiene el convencimiento, el territorio y el peso institucional.

Lo que  todavía falta, es el texto de la ley.

Los números que justifican la urgencia

Mientras Misiones coquetea con la idea, otras provincias ya vadearon la línea. Chubut sancionó la Ley Salomé en 2024, por unanimidad. Mendoza tiene la Ley 9617 y su registro operativo. Y Salta reglamentó la semana pasada, su Ley 8.505 mediante el Decreto 477/2026, lanzando el REDICANN-SALTA. 

Hay dos columnas de datos que hay que leer juntas. La primera es la de la crisis yerbatera: cosecha con una caída del 43% entre 2024 y 2026. Cerca de 50.000 familias afectadas, el productor recibiendo el 3% del precio de góndola cuando históricamente recibía entre el 10 y el 15. 

La segunda columna es la de la industria cannábica allí donde funciona: Cannava, la empresa estatal de Jujuy, está valuada en 98 millones de dólares, multiplicó por 16 sus exportaciones en dos años y tiene contratos firmados con farmacéuticas de Alemania, Portugal y Australia.

El cannabis medicinal y el cáñamo ofrecen lo que la yerba hoy niega: precio justo, mercados no concentrados en dos o tres empresas, y una cadena de valor que puede construirse con identidad misionera. El productor yerbatero, que recibe el 3% del precio de góndola, tiene todos los incentivos para explorar una alternativa con reglas claras. Además si se instrumentara una legislación que prevea una participación del Estado provincial como articulador entre los productores, la distribución y el consumo, se desbarataría la tendencia natural de la concentración que los productos primarios suelen producir en los sectores intermedios de la cadena de comercialización. 

La semilla necesita suelo

El CECAMI no es solo un espacio académico. Es la bisagra entre el conocimiento y la política. El brazo técnico de una ley que todavía no existe pero que necesita bases sólidas para no nacer frágil. Que el primer encuentro del Programa de Formación convoque a especialistas en agricultura sintrópica y microorganismos del suelo es señal de que la provincia entiende algo fundamental: la industria cannábica misionera tiene que ser misionera. Adaptada a la selva, a la tierra colorada, a la chacra familiar.

No alcanza con el convenio. No alcanza con el CECAMI. Todo eso es infraestructura valiosa, pero sin una ley provincial que cierre el círculo, Misiones seguirá apareciendo en los radares nacionales como territorio con potencial, sin materializarlo del todo.

El tablero está abierto. La tracción tiene que ser colectiva: cultivadores, médicos, pacientes, técnicos, legisladores y productores yerbateros que buscan alternativas. Todos empujando en la misma dirección.

Lo hacemos bien, o qué.

La respuesta, para nosotros, es clara: lo hacemos bien. Con ley, con ciencia, con equidad, con identidad misionera. Y lo hacemos ahora, antes de que el reloj electoral cambie las prioridades y la oportunidad se pierda en el ruido de la campaña.

  • La información compartida en Pango es con fines informativos y de divulgación.

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