De la prohibición de la dictadura a la construcción democrática: por qué el acuerdo entre Misiones y Mendoza para impulsar el cáñamo industrial es un acto de soberanía y una oportunidad económica que no podemos dejar pasar.

Por Néstor Ferraro
Misiones y Mendoza comparten mucho más que la letra inicial. Ambas provincias sostienen las industrias más arraigadas al «argentinismo»: la yerba mate y el vino. Pero sabemos que estas no son solo bebidas; son sinónimo de reunión, familia, amigos y de esas charlas que arreglan el mundo. Son el corazón de nuestras economías regionales y el símbolo de nuestra identidad. Por eso, tiene una lógica profunda que nazca de la iniciativa de estas dos provincias la posibilidad de desarrollar una industria que promete riqueza, puestos de trabajo y prosperidad para el país.
En el marco de la tercera edición de Mendocann, el ministro del Agro y la Producción de Misiones, Facundo López Sartori, y el ministro de Gobierno de Mendoza, Natalio Mema, sellaron un convenio de colaboración institucional. El objetivo es claro: potenciar el desarrollo productivo del cáñamo industrial y consolidar cadenas de valor que brinden algo que en Pango consideramos fundamental: previsibilidad y seguridad jurídica para quienes apuestan a proyectos de largo plazo.

Para entender el potencial de lo que estamos hablando, hay que mirar nuestra propia historia. El cáñamo ya tuvo un capítulo brillante en Argentina con la Linera Bonaerense en Jáuregui, una localidad de la provincia de Buenos Aires. Allí, llegaron a cultivarse 400 hectáreas para fabricar desde suelas de alpargatas hasta paneles aglomerados (Linex), creando un polo social y productivo ejemplar. Sin embargo, ese futuro fue mutilado por la última dictadura cívico-militar, que desmanteló la fábrica y persiguió a sus responsables bajo el estigma y la ignorancia.
Hoy, a 50 años del inicio de la etapa más oscura del país, que volvamos a poner el cáñamo sobre la mesa es una señal de que nuestra democracia está en construcción. Somos conscientes de que la política, muchas veces, genera decepción o incluso rechazo; pero también sabemos que es la única herramienta capaz de generar cambios estructurales y concretos en la sociedad. Retomar este hilo histórico nos da esperanza: habla de un país que repara sus errores para construir soberanía.

El cáñamo industrial no es una promesa, es una realidad con miles de aplicaciones técnicas:
- Construcción y Sustentabilidad: Desarrollo de bioplásticos y hempcrete (hormigón de cáñamo), un material térmico y ecológico.
- Industria Textil: Fibras de alta resistencia que superan al algodón en durabilidad y ahorro de agua.
- Impacto Ambiental: Es una planta fitorremediadora capaz de absorber grandes cantidades de CO2 y recuperar la vitalidad de los suelos.
Desde Pango celebramos la visión federal del ministro López Sartori y la articulación con Mendoza para abrir estas nuevas rutas productivas. Seguiremos de cerca cada avance para informar a nuestra comunidad, porque estamos convencidos de que el conocimiento y la transparencia son la base para que esta industria finalmente florezca en toda su magnitud.

